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Dr. Richard Suárez
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5 min de lectura

Qué le pasa a tu cuerpo durante un ACV: lo que veo en la UCI

El ACV isquémico no siempre llega con la boca torcida. A veces llega en coma, respirando mal, ahogándose en sus propias secreciones. Lo que veo en la UCI y cómo evitar llegar ahí.

A las 3 de la madrugada en la unidad de cuidados intensivos llega una paciente dormida, respirando mal, con secreciones que ya están bajando hacia los pulmones. El hijo me mira con impotencia y me pregunta por qué intubamos a su madre si lo que tiene es un ataque cerebrovascular. “Yo entendía que en eso se le tuerce la boca o se le cae un brazo, pero usted le metió un tubo, doctor, ¿qué tiene que ver con los pulmones?” Esa pregunta resume el malentendido más peligroso sobre el ACV: no siempre llega con la boca torcida. A veces llega en coma.

Por qué un ACV puede llegar en coma y no con la boca torcida

Cuando una arteria se tapa en la corteza cerebral, lo que se ve afuera son los signos clásicos: una mano caída, una pierna que arrastra, la comisura labial desviada, dificultad para hablar o entender. Pero el cerebro tiene otra región mucho más profunda — el tallo cerebral — que se ve como el tronco de un brócoli en una imagen, y ahí no llegan los signos clásicos. Llega algo peor.

En el tallo cerebral viven las neuronas que regulan funciones que damos por sentadas todo el día:

  • El centro respiratorio pontino, que marca el ritmo de tu respiración sin que tengas que pensar en ella.
  • La formación reticular, encargada de mantener el estado de conciencia.
  • Los pares craneales 9, 10 y 12, que controlan reflejos vitales como la deglución y la tos.

Cuando una arteria cerebral posterior se ocluye y deja sin oxígeno al tallo, esas tres funciones colapsan a la vez. La persona deja de respirar bien, pierde el reflejo de tos y se ahoga en sus propias secreciones. Por eso intubamos en la sala de reanimación antes incluso de tener la imagen: si no se protege la vía aérea, el paciente se muere antes de que sepamos qué le pasa.

Lo que la tomografía no te muestra a tiempo

Una tomografía simple es rápida, dura diez minutos, y sirve para resolver una pregunta básica: ¿hay sangre en el cerebro o no? Si hay, es un ACV hemorrágico. Si no, es isquémico. Esa diferencia define lo que se puede hacer en las próximas horas.

El problema es que el tallo cerebral no se ve bien en una tomografía. Si el infarto es muy agudo, los cambios todavía no han alcanzado a marcarse en esa imagen. Una resonancia magnética sí lo muestra: ahí aparece el área donde no llega oxígeno, y de ahí se deduce qué arteria se tapó. Pero la resonancia toma más tiempo, y en un ACV el tiempo es cerebro. Por cada minuto que pasa sin reperfusión, mueren cerca de 1,9 millones de neuronas.

Las arterias que se tapan en el cerebro son las mismas que llevan sangre al corazón, a los riñones y al pie del diabético.

El pronóstico de un paciente con afectación tan profunda del tallo no es bueno. Lo más probable es que quede dependiente de un ventilador mecánico, alimentado por sonda, en estado de postración. Y en ese punto ya no estamos tratando un ACV — estamos administrando lo que queda de una vida.

La causa principal la estás armando tú

Las arterias que llevan sangre al cerebro no se tapan por azar. La gran mayoría de las veces se ocluyen por condiciones que tu propio estilo de vida fue construyendo durante años: tabaquismo, alcohol en exceso, sedentarismo, acúmulo de grasa abdominal, resistencia a la insulina, hipertensión sin controlar. Y aquí está la trampa: las arterias que llevan sangre al cerebro son las mismas que llevan sangre al corazón, a los riñones y a los pies. Por eso un diabético mal controlado termina con un pie infectado, y por eso el mecanismo de daño vascular en la diabetes es exactamente el mismo que precede a un ACV.

Lo que sí puedes hacer hoy:

  1. Mídete la presión en serie, no una vez al año en el consultorio. Una hipertensión sin control silencioso es el principal factor de riesgo modificable del ACV.
  2. Suelta el tabaco y el vapeo gradualmente, pero suéltalo. No hay dosis “segura” para una arteria cerebral.
  3. Mueve el cuerpo — caminar, correr, nadar, subir escaleras. Lo que esté quieto se atrofia.
  4. Come con criterio — vegetales, legumbres, pescado, grasas del aguacate, menos ultraprocesados y menos azúcar añadida.
  5. Maneja el estrés crónico. Vivir todo el día en alerta es como subir una loma sin parar; en algún momento el motor se rompe.

Si quieres entender por qué la presión sin medir es el escenario más frecuente que veo entrar a la UCI por ACV, el curso sobre hipertensión cubre cómo medirte bien en casa, leer tu curva de 7 días, y entender qué cambios mueven tus números de verdad. Y si te interesa el panorama clínico completo, los casos reales de UCI son el pilar editorial donde conecto lo que veo en quirófano con las decisiones que se toman años antes en casa.

Referencias y lectura adicional

  • La American Heart Association y su división de stroke mantienen la guía estándar sobre prevención, signos tempranos y manejo agudo del ACV.
  • Mayo Clinic documenta los síntomas atípicos de ACV — incluyendo presentaciones del tallo cerebral con alteración de conciencia — y cuándo llamar a urgencias.
  • La Organización Mundial de la Salud publica los datos epidemiológicos globales de enfermedad cerebrovascular y sus principales factores de riesgo modificables.

Soy Richard Suárez, médico especialista en cuidados intensivos. Si quieres seguir lo que veo cada semana en la UCI y aprender a no llegar hasta aquí, suscríbete a mi canal de YouTube y nos vemos del otro lado.