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Dr. Richard Suárez
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6 min de lectura

5 señales previas al infarto que parecen inofensivas (pero no lo son)

Abdomen prominente, manchas oscuras en el cuello, hambre constante. Cinco señales físicas que veo años antes de un infarto en la UCI y qué exámenes confirman lo que está pasando.

A las 3 de la mañana me avisan que ha llegado un paciente con dolor en el pecho. Un hombre de 42 años, joven. Tenía abdomen prominente y una mancha oscura en la parte de atrás del cuello. Le hicimos una glucometría rápida: 250 mg/dL. Cuando le pregunté si sufría de algo, me respondió con seguridad: “No, doctor, yo soy sano”. Ahí empezó el problema. Su enfermedad no empezó hace diez minutos con un dolor en el pecho. Empezó años antes, en silencio.

Las 5 señales físicas que conviene reconocer

Antes de cualquier examen de laboratorio, el cuerpo deja pistas visibles. La mayoría de mis pacientes las tenían años antes de llegar a la UCI, pero nadie las interpretó como lo que eran. Estas son las cinco que más veo:

  1. Abdomen prominente —no es estética, es grasa visceral en exceso. Esa grasa rodea órganos, no es inerte y tiene una gran influencia hormonal en tu metabolismo.
  2. Acantosis nigricans —manchas oscuras en cuello, axilas e ingles, con aspecto aterciopelado. No es suciedad ni falta de baño. Es exceso de insulina circulando durante años.
  3. Hambre constante y falta de saciedad —terminas de comer y sigues con vacío, antojos de dulce, ganas de repetir. El metabolismo no está respondiendo bien a sus propias hormonas.
  4. Cansancio postprandial —sueño profundo después de comer, sobre todo si la comida fue rica en carbohidratos. Eso habla de picos de glucosa e insulina mal manejados.
  5. Dificultad para ganar masa muscular a pesar de entrenar fuerza, con acumulación persistente de grasa abdominal aunque hayas perdido peso en otras zonas del cuerpo.

Estas señales no significan que estés a punto de infartarte mañana. Significan que ya hay un proceso metabólico activo y que conviene medir lo que está pasando.

Por qué el cuerpo es como una bodega

Para que se entienda bien la lógica detrás de estos signos, uso esta imagen con mis pacientes. Tu cuerpo es como una bodega. Si todos los días entran muchas más cajas de las que salen, las cajas se acumulan. Esas cajas son grasa.

Pero no toda la grasa pesa lo mismo en el pronóstico:

  • La grasa de la papada o de la parte inferior del brazo es relativamente inerte.
  • La grasa abdominal visceral —la que forma esa barriga característica— es la peligrosa. Produce hormonas que alteran la saciedad, generan inflamación crónica de bajo grado y aumentan la resistencia a la insulina.

Mucha grasa visceral genera más inflamación. Más inflamación genera más resistencia a la insulina. Más resistencia obliga al páncreas a enviar más insulina, lo cual genera más grasa. Es un círculo del que no se sale solo con fuerza de voluntad.

Esto no es un incendio llamativo. Es una fuga de gas lenta, progresiva, que no huele y no se siente, hasta el día que explota.

El ciclo mortal que termina en infarto

El paso que conecta este desorden metabólico con el infarto pasa por las arterias. La pared interna de las arterias —el endotelio— es normalmente lisa y limpia. Cuando el ciclo metabólico se descontrola, esa pared se inflama, se vuelve permeable y empieza a permitir la infiltración de partículas de colesterol LDL pequeñas y densas.

Sobre esa infiltración se monta un proceso inflamatorio crónico que forma una placa ateromatosa. Esa placa, con el tiempo, puede romperse. Y cuando se rompe, el cuerpo activa la coagulación para “reparar” la lesión: aparece un trombo que obstruye la arteria coronaria. El detalle paso a paso de esa cascada lo explico en la anatomía de un infarto.

Qué exámenes confirman lo que las señales sugieren

La enfermedad metabólica no se sospecha: se mide. Si reconoces dos o más de las señales anteriores, hay un panel básico que vale tener:

  • Glucosa en ayunas —normal debería estar por debajo de 100 mg/dL.
  • Hemoglobina glicada (HbA1c) —mira el promedio de los últimos 3 meses. Por encima de 5.7 % hay algo que vigilar.
  • Perfil lipídico completo —no solo colesterol total, sino LDL, HDL y triglicéridos por separado.
  • Transaminasas hepáticas (ALT, AST) —el hígado graso es uno de los primeros lugares donde aparece el síndrome metabólico.
  • Perímetro abdominal —predice riesgo cardiovascular mejor que el peso o el índice de masa corporal.

Estos exámenes son baratos, accesibles y rara vez se piden completos en los chequeos generales. Pero juntos cuentan una historia que ningún panel aislado puede contar. Y si quieres conectar este panel con otras señales metabólicas que aparecen años antes del evento, ahí está el mapa más completo.

Qué se puede hacer si reconoces estas señales

Lo bueno de esta historia es que, detectada a tiempo, la gran mayoría de estas anomalías metabólicas se pueden revertir. No con agua de limón ni con trucos virales. Se revierten volviendo a la fisiología que el cuerpo necesita:

  1. Nutrición real —menos ultraprocesados, más comida que tu abuela reconocería como comida.
  2. Movimiento diario —caminar después de comer es una de las intervenciones más eficaces y más subestimadas.
  3. Entrenamiento de fuerza dos o tres veces por semana —para construir el músculo que regula tu glucosa.
  4. Sueño respetado —porque el déficit de sueño dispara cortisol e inflamación.
  5. Chequeo médico anual con los exámenes correctos, no solo “los básicos”.

Si quieres entender en profundidad cómo se interpreta cada uno de esos números y cómo conversar con tu médico antes de la próxima cita, el curso de cuidados cardiovasculares te muestra el detalle. Y el pilar editorial de educación clínica simple reúne los conceptos que conviene tener claros antes de tomar decisiones de salud importantes.

Lectura adicional

El mensaje que importa

Estar enfermo no significa estar hospitalizado. La enfermedad metabólica es silente y avanza todos los días sin pedirte permiso. Si reconoces dos o tres de estas señales en tu propio cuerpo, no esperes al dolor en el pecho. Mide, conversa con tu médico, ajusta lo modificable. Soy el médico que en realidad nadie quiere ver. Y la mejor forma de cuidarte es que nunca tengamos que encontrarnos.

Soy Richard Suárez, médico especialista en cuidados intensivos. Si quieres seguir lo que veo cada semana en la UCI y lo que puedes hacer para no llegar hasta aquí, suscríbete a mi canal de YouTube y nos vemos del otro lado.